Historia del ambientador (III): Ambientadores en Grecia


Los griegos heredaron de Egipto su gusto por los perfumes y sus conocimientos para elaborarlos, mejoraron tanto las técnicas que llegaron a aprender a condensar las esencias con un sistema similar al “baño María”.

En la antigua Grecia se preocupaban de la higiene y asociaban el aroma a la limpieza. Se dice de ellos que eran adictos a los aceites perfumados y a los ambientadores, perfumaban todo: las paredes, los suelos y a las mascotas. Desarrollaron novedosos ambientadores para sus eventos, se dice que en los banquetes perfumaban las alas de las palomas para que al volar esparcieran el perfume por el salón donde se celebraba el acto.

El origen divino del ambientador

En la Grecia Clásica atribuían un origen divino a todo cuanto representaba belleza, estética y equilibrio. Por esto, según la tradición homérica, fueron los dioses del Olimpo quienes enseñaron a los hombres y mujeres el uso de los perfumes.

En la mitología podemos encontrar muchos relatos en los que diosas, ninfas y otros personajes, pasan por ser creadores de los aromas:

  • El ambientador de rosas. Según la mitología griega, la rosa al inicio era blanca y sin olor. Debe su color rojo y aroma penetrante al día en que la diosa Venus se clavó una espina de un rosal, y con su sangre la tiñó de rojo. La rosa se volvió tan bella que su hijo Cupido, al verla la besó, y desde aquel momento tomó el aroma que ahora tiene.
  • El ambientador de mirto. Venus también fue responsable del aroma a mirto. Según la mitología, Venus se bañaba a la orilla de un lago cuando fue sorprendida por unos sátiros. Huyendo de ellos se escondió entre unas matas de mirto que la cubrieron. Agradecida dio a los mirtos la fragancia intensa que ahora desprenden.

El ambientador en Grecia: el negocio del perfumista

Dejando a un lado la mitología, en un plano más terrenal, los griegos atribuían a los perfumes una utilidad mística, por lo que se popularizó su utilización. Pronto importaron esencias orientales y se convirtieron en maestros en la elaboración de aromas y esencias. Se usó con tanta abundancia, que llegó a limitarse por ley su utilización para controlar los gastos de su importación. No obstante, estas leyes restrictivas no duraron mucho, no se podía ir contra la voluntad y costumbres de la mayoría.

La mirra se convirtió en el aroma predilecto de las elites griegas, era el símbolo de un elevado nivel socioeconómico. Se importaba directamente desde Arabia y resultaba muy costosa. Se cuenta que Leónidas reprendió a Alejandro Magno cuando este ofrecía en su oración gran cantidad de incienso delante de un altar diciéndole: “si quieres quemar tanto incienso espera conquistar la tierra que lo produce”. Alejandro no respondió pero más tarde, cuando conquistó Arabia, envió a Leónidas un cargamento de 500 talentos de incienso y 100 de mirra.

En Creta, Siria, y otros pueblos del mediterráneo comenzaron a instalar negocios de perfumistas en las ciudades griegas, con pequeñas tiendas o paradas desmontables en las ágoras o mercados públicos, donde vendían los productos que elaboraban.  Fueron tan importantes estos perfumistas, que llegaron a marcar el rumbo de la moda y la elegancia.

Grecia, la cuna de la civilización occidental y del pensamiento filosófico, también fue pionera en sintetizar los aromas y en ambientar los espacios públicos y privados con fragancias para los sentidos.  Ya lo decía Plutarco: “¿El alma del hombre? Un hombre enamorado está lleno de perfumes y de olores suaves”. Y lo mejor para ambientar con olores suaves lo podrás encontrar en esta selección de ambientadores.

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